La mentira, la vulgaridad y el irrespeto en una campaña electoral

En definitiva, esta campaña marca un antes y un después para Estados Unidos. Y ni qué decir del impacto que eso pueda tener en otros países de la región, incluyendo a Costa Rica.

El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un reciente acto de campaña en Detroit, Michigan. Foto: Jeff Kowalsky / AFP.
photo_camera El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un reciente acto de campaña en Detroit, Michigan. Foto: Jeff Kowalsky / AFP.

El tono que ha impuesto el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la campaña política que está por terminar en ese país, es altamente desagradable. Pero, por sobre todo, consolida un giro que se ha venido construyendo en la política en los últimos 20 años.

La era de las propuestas fue superada para avanzar a una etapa en que la mentira, la vulgaridad y el irrespeto son la norma y el recurso para ganar las elecciones. Y, al final, de cuentas, queda claro que, para muchas personas, el fin justifica los medios.

Lo de Trump es muy interesante, porque sin tener una carrera política previa y viniendo de ser una figura de la televisión, tomó pleno control del Partido Republicano en poco tiempo, a base de dinero. Porque no tenía propuestas.

Así alcanzó la presidencia del país más poderoso del mundo, y así busca regresar a ese sitial. Todo en medio de cuestionamientos aún vigentes respecto de su rol en la promoción del ataque al Capitolio, en enero de 2021, cuando una inmensa turba de seguidores suyos pretendió impedir que se ratificaran los resultados de las elecciones de 2020.

Incluso ha ido más lejos. Las presentaciones públicas de Trump son hoy foros en los cuáles hace manifestaciones grotescas contra quienes lo adversan. La descalificación ya no es suficiente en la lógica de esta figura política, empecinada con el poder.

Ya en las campañas anteriores se habían visto matices de todo esto. De manera que la degradación ha sido paulatina. Pero, ahora explota la ignorancia, el radicalismo y el racismo de amplios sectores de la población estadounidense.

Para ello, ha hecho de la migración un tema ancla en la campaña, llegando a insistir en que los migrantes que llegan a Estados Unidos son delincuentes que fueron liberados por los gobiernos de sus respectivos países de origen, y lo hacen con el afán de apoderarse y tomar control de Estados Unidos.

Ha llegado a asegurar, incluso, que hay migrantes que se roban y se comen las mascotas de las personas como parte de ese proceso de destrucción de la sociedad norteamericana.

En realidad, cuando faltan menos de dos semanas para las elecciones, Trump solo ha hecho una propuesta concreta y es la reducción de impuestos para las grandes empresas, como un recurso, según él, para que trasladen sus procesos de producción a territorio estadounidense.

Pero, a la fecha, no se conocen otros elementos de su plan de Gobierno, salvo la intención manifiesta de cerrar todos los procesos judiciales que enfrenta bajo diversos cargos, tanto a nivel federal como a nivel estatal.

Dentro de ese contexto, no se puede dejar de lado el hecho de que ni los mismos republicanos ni los demócratas han podido contrarrestar el rol de Trump en la política de Estados Unidos. Algunos, quizá por su propio interés, y otros, seguramente por incapacidad.

Ciertamente, es un tema muy delicado, porque el mensaje está llegando a los sectores a los que quiere alcanzar el expresidente, a fin de asegurar los votos para volver al poder. Y si se suma esto el rol que juegan hoy las redes sociales, donde muchos difunden informaciones falsas para incidir en el resultado de las elecciones, el panorama se torna aún más peligroso.

Y ya juega, también, todo aquello que se puede hacer a partir de la inteligencia artificial, para incentivar los odios en el marco de las campañas electorales.

En definitiva, esta campaña marca un antes y un después para Estados Unidos. Y ni qué decir del impacto que eso pueda tener en otros países de la región, incluyendo a Costa Rica.