Los obispos que integran la Conferencia Episcopal de Costa Rica exigieron a los candidatos presidenciales a asumir con seriedad el desafío de dignificar la vida pública.
“Esto exige propuestas honestas, planes viables y acuerdos interpartidarios centrados en las necesidades reales de la población, especialmente de quienes han sido históricamente excluidos. Sólo una política guiada por principios puede devolver esperanza a la ciudadanía y reencantarla con el poder transformador de la democracia”, dijeron este viernes.
Los obispos emitieron un pronunciamiento en la previa de convocatoria oficial a elecciones, en que establecieron una serie de pautas de lo que debería darse en la campaña.
En él también dijeron animar a todos los partidos y a los políticos a dignificar la política, para que la ciudadanía recupere la confianza en las instituciones.
Y también hicieron un llamado contundente a los ciudadanos: “Los animamos a ejercer un voto informado, consciente y responsable, libre de presiones, guiado por valores éticos. Es necesario discernir con madurez quiénes pueden liderar nuestro querido país con transparencia, compromiso social, respeto a la dignidad humana y capacidad de diálogo”.
Las claves del mensaje
- Pedimos a los aspirantes a cargos de elección popular que suscriban un acuerdo de llevar adelante una campaña centrada en ideas, planes viables y propuestas que respondan a las necesidades reales de la población, orientado a la construcción conjunta de soluciones justas y sostenibles.
- Los medios de comunicación tienen una responsabilidad histórica como facilitadores del discernimiento político. Su labor debe incluir un compromiso activo con la formación ciudadana, la veracidad y el contexto ético de las informaciones.
- Se impone la necesidad de una conversión ética profunda y un compromiso renovado con el bien común, la justicia y la dignidad humana. Este proceso requiere discernimiento informado, compromiso solidario y una esperanza activa.
- Instamos a toda la ciudadanía a demandar, de quienes se ofrecen a representarlos, una política guiada por los principios éticos del bien común, la solidaridad y la justicia.
- Que los grandes temas que atañen al desarrollo humano integral de los habitantes sean el centro de los debates y den prioridad a las poblaciones empobrecidas, excluidas y rezagadas.
- Que las propuestas para la gestión en los ámbitos de los poderes ejecutivo y legislativo sean viables, consistentes y sinceras; que desaparezca el odio y el irrespeto en los discursos políticos.