La pretensión del presidente de la República, Rodrigo Chaves, de llevar a referéndum un proyecto de ley de un solo artículo, que a su vez busca reformar un solo artículo de otra norma, no tiene sentido, en criterio de dos politólogos consultados por www.despertar.cr.
La observación la hicieron en referencia a la tercera versión del proyecto de Ley Jaguar, que contempla una reforma al artículo 12 de la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República, que, por lo demás, no incorpora un cambio sustancial en esa normativa.
A ello hay que añadir que un proceso de referéndum podría costar al país alrededor de ₡3.000 millones, de acuerdo con las estimaciones del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), en un momento en que las elecciones generales de febrero de 2026 están a la vista.
Según el Politólogo Sergio Araya, ante lo que se pretende someter ahora a referéndum, sería más factible llegar a algún acuerdo por la vía ordinaria, y buscar un consenso con la Asamblea Legislativa para presentar un proyecto de ley.
Cree que la forma correcta es ir por la vía corriente como cualquier otro proyecto de ley, ya que no amerita hacer un referéndum con la enorme movilización y la logística que implica, además, de ser bastante oneroso.
En una posición muy similar se expresó la politóloga María Valeria Vargas, catedrática de la Universidad de Costa Rica, quien recordó que hay cosas que se puedan pasar vía Asamblea Legislativa.
Para Vargas existe toda una discusión jurídica porque desde un punto de vista constitucional se debe valorar qué puede ser materia de una ley, o bien, de un referéndum.
Un punto negativo que señala entorno a realizar un referéndum es el tiempo. Indicó que básicamente el 2024 se acabó y en el 2025 serían pocos los meses que estarían libres antes de la convocatoria al proceso electoral nacional. Eso casi dejaría descartada la idea.
“Yo, de plano, diría que es casi que inviable, digamos, convocar este referéndum para un artículo único; aun así fuera un artículo, o fueran varios, pero ciertamente es un tema muy importante a considerar”, apuntó.
Vargas añadió que uno de los problemas que se tienen que tomar en cuenta es el tiempo que se requiere para preparar a los electores de manera que entiendan la importancia de lo que se quiere votar en un referéndum, tiempo que no le alcanzaría a este Poder Ejecutivo.
Recurrió al ejemplo de lo que ocurrió hace poco en Chile donde fueron a un referéndum y una asamblea constituyente. Durante dos años prepararon una serie de informaciones en programas de radio, televisión y foros para que la gente entendiera la importancia del proceso.
Un punto que señala como hipótesis Sergio Araya es que de darse un eventual proceso del referéndum puede significar una oportunidad de sostener una narrativa política potente para mantener articulado a un segmento de la ciudadanía en torno a una posición.
“Lo que hemos venido observando en varios procesos electorales a la fecha es que la adherencia de los partidos tradicionales se ha ido perdiendo. Ya no hay esas lealtades partidarias del pasado”; agregó Araya.
Este politólogo considera que lo que mueve la voluntad del electorado para ir a las urnas y emitir su voto son dos cosas: por un lado, un liderazgo individual no partidista que suscriba una conexión puntual, o, por otro lado, un tema capaz de cohesionar a algún segmento de la sociedad.
Desde su punto de vista, el ejemplo más claro de cómo se motiva a defender un punto fue la elección del 2018 cuando Carlos Alvarado fue electo por su posición a favor del matrimonio igualitario contrarío a lo que expresaba su rival, Fabricio Alvarado.
Araya recordó como ahí se hicieron dos bandos que fueron minorías en la segunda ronda, pero con la suficiente fuerza para ir más allá de temáticas.
Algo que menciono Vargas es que, si no se realiza el referéndum esto podría dejar secuelas por la retórica que maneja el presidente Rodrigo Chávez, cuando recurrentemente afirma que “ustedes no me dejan a mí hacer las cosas”.
Ve ese concepto de gobernabilidad como una forma muy perversa de lavarse las manos: “como ustedes no quieren hacer lo que yo quiero, o no me dejan, entonces no voy a hacer nada”.
Apunta que Chaves debería cambiar ese discurso "muy tóxico, como se dice popularmente" y seguir avanzando y no empantanarse en un proyecto que realmente tiene muy poca viabilidad política.