Aunque la ruta nacional 27 mantiene una buena capacidad estructural para soportar el tránsito vehicular, presenta deficiencias relevantes en seguridad vial, confort de manejo y estabilidad geotécnica que requieren atención inmediata para evitar un deterioro acelerado y riesgos para las personas.
Así concluye la evaluación anual 2024–2025 realizada por el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales de la Universidad de Costa Rica (LANAMME UCR).
El análisis técnico, consignado en varios informes especializados, evaluó la troncal principal que conecta San José con Caldera, así como sus principales radiales (El Coyol, Turrúcares, Atenas y Escobal) mediante equipos de alta tecnología y criterios internacionales.
Abordó la capacidad estructural del pavimento, la condición funcional, la regularidad superficial, la resistencia al deslizamiento y el estado de puentes y taludes.
En términos estructurales, los resultados son favorables: más del 90% de la troncal principal presenta deflexiones bajas, lo que indica que el pavimento puede soportar adecuadamente las cargas de tráfico a lo largo del tiempo.
No obstante, el Laboratorio identificó tramos puntuales con deflexiones moderadas y altas que, de no atenderse oportunamente, podrían derivar en daños más severos.
El principal punto crítico se encuentra en la condición funcional de la vía. El 83% de la ruta presenta una regularidad superficial calificada como “Regular”, lo que incide directamente en el confort de conducción y en el aumento de los costos de operación vehicular.
A esto se suma un hallazgo especialmente sensible en materia de seguridad vial: más del 30% de la carretera presenta condiciones “Muy deslizantes”, incrementando el riesgo de accidentes, particularmente en condiciones de lluvia. Aunque los parámetros contractuales se cumplen, el laboratorio recomienda mejorar la textura superficial del pavimento para reducir estos riesgos.
Las radiales muestran un panorama más complejo. En El Coyol, Atenas y Turrúcares se detectaron condiciones estructurales críticas que demandan intervenciones mayores para garantizar su vida útil y la seguridad de quienes transitan por estos tramos.
El diagnóstico se amplía al evaluar los puentes que cruzan la ruta. De los 21 inspeccionados en 2025, solo dos se encuentran en condición aceptable, diez en estado regular y nueve en condición deficiente.
Aunque no se identificaron estructuras en riesgo de falla inminente, la mayoría mantiene las mismas deficiencias detectadas en evaluaciones previas, evidenciando una falta de mejoras sustantivas.
Además, el LANAMME identificó 29 puntos con inestabilidad geotécnica a lo largo de la vía, asociados a erosión, deslizamientos y deficiencias en el control de escorrentía. El laboratorio insiste en la necesidad de medidas integrales de mitigación, drenaje adecuado y monitoreo permanente.
En conjunto, los informes refuerzan un mensaje clave: la ruta 27 aún cumple su función estructural, pero sin una gestión preventiva, inversiones oportunas y un enfoque integral de seguridad vial, su deterioro y los riesgos para los usuarios podrían intensificarse en el corto y mediano plazo.